LA
Auteur
LATRAME
@latrame
Dos relojes corren en todo relato, y nunca están sincronizados.
Está el tiempo de la historia : diez años, una noche, tres generaciones. Y el tiempo del relato : el número de páginas que tú, el autor, decides dedicarle.
Toda la respiración de un texto vive en la distancia entre los dos. "Pasaron veinte años", cinco palabras para dos décadas. Luego, tres páginas enteras para describir los cuatro segundos en que su mano duda sobre el teléfono.
El lector no se da cuenta conscientemente, pero su cuerpo lo siente : cuando frenas, contiene el aliento ; cuando aceleras, entiende que esos años no contaban. No narras el tiempo. Decides cuáles de sus segundos merecen pesar una página, y cuáles se evaporan en una coma.
Está el tiempo de la historia : diez años, una noche, tres generaciones. Y el tiempo del relato : el número de páginas que tú, el autor, decides dedicarle.
Toda la respiración de un texto vive en la distancia entre los dos. "Pasaron veinte años", cinco palabras para dos décadas. Luego, tres páginas enteras para describir los cuatro segundos en que su mano duda sobre el teléfono.
El lector no se da cuenta conscientemente, pero su cuerpo lo siente : cuando frenas, contiene el aliento ; cuando aceleras, entiende que esos años no contaban. No narras el tiempo. Decides cuáles de sus segundos merecen pesar una página, y cuáles se evaporan en una coma.