LA
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LATRAME
@latrame
Nunca has releído el mismo libro dos veces. Es imposible, aunque las palabras no se hayan movido ni una coma.
Porque entre las dos lecturas, el que cambió eres tú. A los veinte, ese personaje te parecía sabio ; a los cuarenta, ves su cobardía. La frase que habías subrayado ya no te dice nada, y otra, que habías atravesado sin verla, te detiene en seco.
También está la relectura que sabe el final. El segundo paso por una buena novela es otro placer : ya no corres hacia el desenlace, miras al autor colocar sus trampas. Todas esas pistas que había sembrado, invisibles la primera vez, brillan ahora como balizas.
Para un autor, esto cambia algo concreto : no escribes para una sola lectura. Los mejores textos guardan algo en reserva para la segunda, una frase que solo entrega su doble sentido a quienes vuelven.
Porque entre las dos lecturas, el que cambió eres tú. A los veinte, ese personaje te parecía sabio ; a los cuarenta, ves su cobardía. La frase que habías subrayado ya no te dice nada, y otra, que habías atravesado sin verla, te detiene en seco.
También está la relectura que sabe el final. El segundo paso por una buena novela es otro placer : ya no corres hacia el desenlace, miras al autor colocar sus trampas. Todas esas pistas que había sembrado, invisibles la primera vez, brillan ahora como balizas.
Para un autor, esto cambia algo concreto : no escribes para una sola lectura. Los mejores textos guardan algo en reserva para la segunda, una frase que solo entrega su doble sentido a quienes vuelven.
